domingo, 25 de enero de 2009

Desencuentros

2- febrero- 2002


Mundo, esto es muy sencillo. Las palabras reptan por entre mi mente como espigas de humo.
No atino a decir, no atino a encontrar la palabra justa de lo que me duele.
Pareciera que la angustia borró de mi mente todas las ideas. Me dejó sin garras y no puedo asirme ni al lenguaje cierto ni al lenguaje incierto para que me creas.

Creo, Mundo. He creído tanto que perdí la cuenta y creí ilusiones que yo había creado. Creí que era cierto el amor. Crei que era posible hallar en el otro algo de ti mismo, y creí posible que el otro se hallara en tu cuerpo. Creí en “la invasión de la carne por el espíritu”.
Creí en la nobleza de un hombre. Creí en la ternura de un hombre. Creí en la sinceridad de un hombre. Creí en la soledad como un goce, y en él como mi fatiga y mis bendiciones.

Ahora entiendo, Mundo, que nada era cierto. Que crear no basta. Que la vida es violenta, turbia, incierta. Que no hay posibilidad alguna de tocar el alma, de hallarte en el otro; que el otro se esconde, toma y se retira; que el otro es egoismo, placer y miseria.
Mundo, he entendido eso que tú tanto nombras, he estado frente a ella y me aterra. Ahora estoy herida por la miseria del espirítu.
1-febrero-2002

No me extrañaría que cualquier día de éstos alguien me contara que estás por casarte con tal fulanita. Sabría entonces que te ganó el afán de saber, que como cualquier otra necesidad urgente y zafia, requiere financiamiento.
Quizás tu novia tenga un coño más estrecho que el mío, unos senos turgentes y unos labios púrpura. Pero otra boca como la mía, tan lasciva, tan concupiscente y alevosa… Nadie más la tendrá.
Nadie te hará enloquecer como lo hice yo, ni te estremecerás al contacto tibio, húmedo y desordenado de mis zarpazos.
Nadie, nadie te comerá la polla como yo, ni despertará el deseo atroz que te hacía contraerte en un estertor de placer y muerte.
Nadie te lamerá con el deseo frenético que yo lo hice; ni se acurrucará a tu lado con la resignación del deseo satisfecho a través del otro, del cuerpo ajeno que llevaste al orgasmo olvidándote del propio.
Nadie enloquecerá por tu espíritu tímido y cetrino; ni verá coraje en el resentimiento que repta por tu inteligencia.
Nadie soñará con verte, deseará adorarte, cubrirte de rosas, jasmines, estrellas y cielos.
Nadie encontrará al deseo en tu cuerpo fofo y blanquecino, ni verá serpientes donde había rencores, ni verá gigantes donde había temores.
Lo único que no te permito, amor, es que me prohibas soñar.

1 comentario:

Clave 88 dijo...

Es muy bello lo que escribes, pero me parece que te dejas llevar por cierto despecho que le quita color a tu paleta para teñirla de un rojo demasiado pasional para lograr herir en profundidad, que me parece que es lo que pretendes. Un puñal entra más si es delgado y sutilmente filoso, que si es ancho y grueso.
¿Porqué dices: …”Quizás tu novia tenga un coño más estrecho que el mío, unos senos turgentes y unos labios púrpura. Pero otra boca como la mía, tan lasciva, tan concupiscente y alevosa… Nadie más la tendrá. Nadie te hará enloquecer como lo hice yo, ni te estremecerás al contacto tibio, húmedo y desordenado de mis zarpazos.
Nadie, nadie te comerá la polla como yo, ni despertará el deseo atroz que te hacía contraerte en un estertor de placer y muerte.”? (Hermosa figura del orgasmo la que haces en esa frase)
¿Es que no sabes que lo que apasiona de un coño no es su estrechez, sino su calidez, su humedad ansiosa, casi me atrevo a decir espiritual; que el mero hecho físico del “calibre”? ¿No haz percibido que lo que atrae, por lo menos a mí, no es el volumen de las tetas sino la proporcionalidad que den al todo armónico del cuerpo?
Sobre tu boca no puedo adelantarme a opinar comparativamente ya que no he visto la “otra”, pero la tuya sí que la creo capaz de apasionarse lasciva y concupiscente si ha sido inducida en un juego previo que sepa combinar la caricia integral del cuerpo con el contacto suave de labios y lengua, con el ardor del mordisco oportuno, y el chupón que busque la profundidad del alma. Y todo lo que digo me afirma en lo que dices, seguramente serás capaz de hacer enloquecer a quien se lo merezca comiendo su polla (pija decimos en Argentina) con fruición y sabiduría.
Me ha dejado una impronta ardiente lo que dices en mi piel y profunda en mi alma. Te seguiré leyendo. Un beso afectuoso. Julio. joseamanc@gmail.com

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